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Literaturas

Yacimientos literarios

Tiendas y alimentos del absurdo delirante de Ionescu en "La cantante calva"




Eugene Ionescu (Slatina 1912-Paris 1994) es un autor teatral francés de origen rumano que considera que "renovar el lenguaje supone renovar la concepción y visión del mundo". Se le considera el principal creador del denominado Teatro del Absurdo. Entre sus principales obras destacan: La cantante calva (1950); La lección (1950); Las sillas (1952) y El rinoceronte (1959).

La cantante calva se estrena el 11 de mayo de 1950 en el Theatre des Noctambules en Paris. En esta obra predominan los sin sentidos (non sense). A partir de afirmaciones triviales e inconexas se ponen en evidencia los hilos de la madeja que enmarañan las relaciones humanas. Los juegos verbales sin sentido (o aparentemente sin sentido) muestran a seres humanos incomprendidos e incomprensibles. A título de delirante ejemplo hay que señalar que el título de la obra solamente se refleja en la siguiente conversación de la escena X (sin ninguna conexión con frases anteriores):

El bombero. "A propósito, ¿y la cantante calva?"

Señora Smith. "Sigue peinándose de la misma manera"

Y la obra sigue como si esta conversación no existiera, incluyendo entre sus diálogos varias referencias a tiendas, tenderos y alimentos.






Eugene Ionescu: La cantante calva, Editorial Losada (2003, primera edición 1961).


Pág. 13
Señora Smith. “Las patatas están muy buenas con tocino; el aceite de la ensalada no estaba rancio. El aceite del tendero de la esquina es de mucha mejor calidad que el aceite del tendero de enfrente, y también mejor que el aceite del tendero del final de la cuesta. Pero con ello no quiero decir que el aceite de aquellos sea malo”.
Señor Smith (continuando su lectura, chasquea la lengua).


Págs.15 y 16.
Señora Smith. “La señora Parker conoce un tendero búlgaro, llamado Popochef Rosenfeld, que acaba de llegar de Constantinopla. Es un gran especialista en yogurt. Posee un diploma de la escuela de fabricantes de Andrinópolis. Mañana iré a comprar una gran olla de yogurt búlgaro folklórico. Suelen encontrarse cosas así en los alrededores de Londres…”
“El yogurt es excelente para el estómago, los riñones, la apendicitis y la apoteosis”.


Pág. 43.
Señora Martin. “pues bien, hoy, cuando iba al mercado a comprar legumbres, que cada vez están más caras…”


Pág. 65.
El bombero. “Y se casó con una vendedora ambulante de hortalizas frescas cuyo padre tenía un hermano que se había casado con una institutriz rubia cuyo primo, pescador de caña…”
Señor Martin.” ¿De caña rota?”
El bombero. ”…se había casado con otra institutriz rubia llamada también María, cuyo padre estaba casado con otra María, asimismo institutriz rubia…”
Señor Martin. “Siendo rubia, no puede ser sino María.”
El bombero. “Y cuyo padre fue criado en el Canadá por una anciana que era sobrina de un cura cuya abuela atrapaba a veces, en invierno, como todo el mundo, un resfriado.”
Señor Smith. “La historia es curiosa, casi increíble.”
Señor Martin. “Cuando uno se resfría hay que ponerse cintas de colores.”
Señor Smith. “Es una precaución inútil, pero absolutamente necesaria.”