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Mercados y literatura
Los Mercados Municipales y la actividad comercial en la literatura universal

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Yacimientos literarios (9)

La Grande, Baltasar de Alcázar

Los productos alimentarios comercializados aparecen ante nuestra vista en distintos textos literarios. En este yacimiento, observamos las magníficas redondillas con las que Baltasar de Alcázar nos obsequia. Realmente es deseable acompañar la degustación literaria con la de algunos de los productos que nos describe de forma “casi” pictórica.

Baltasar de Alcázar (1530-1606) es un poeta gastronómico que sirve en el ejército y es alcalde de la Villa de Molares. Posteriormente, ocupa el cargo de tesorero de la Casa de la Moneda y Veinticuatro en Sevilla.

La poesía de Baltasar de Alcázar es notablemente distinta de la hegemónica en su época. Predomina el tono jocoso y lúdico con ciertas dosis de sátira que no llega a ser sangrante. Es un sobresaliente latinista con notables influencias de Marcial, sobre todo en sus Epigramas, y de Horacio. Sus composiciones gastronómicas son excelentes.

Una cena es su composición más conocida. Se desarrolla en redondillas (combinaciones de 4 versos octosílabos) en las que demuestra su ingenio, su dominio de la métrica y su costrumbrismo.

Una Cena
Baltasar de Alcázar

«En Jaén, donde resido,
vive don Lope de Sosa,
y direte, Inés, la cosa,
más brava de él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués…
Pero cenemos, Inés,
si te parece, primero.

La mesa tenemos puesta;
lo que se ha de cenar, junto;
las tazas y el vino, a punto;
falta comenzar la fiesta.

Rebana pan. Bueno está.
La ensaladilla es del cielo;
y el salpicón, con su ajuelo.
¿No miras qué tufo da?...

Comienza el vinillo nuevo
y échale la bendición:
yo tengo por devoción
el santiguar lo que bebo.

Franco fue, Inés, ese toque;
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
de aqueste vinillo aloque.

¿De qué taberna se trajo?
Más ya: de la del cantillo;
diez y seis vale el cuartillo,
no tienen vino más bajo.

Por nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer:
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios, que no lo sé;
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
mídenlo, dánmelo, bebo,
págolo y voime contento.

 

Esto, Inés, ello se alaba;
no es menester alaballo;
sólo una falta le hallo:
que con la priesa se acaba.

La ensalada y salpicón
hizo fin; ¿qué viene ahora?...
La morcilla. ¡Oh, gran señora,
digna de veneración!

¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundias tiene!
Paréceme, Inés, que viene
para que demos con ella.

Pues, ¡sus!, encójase y entre,
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino,
no se escandalice el vientre.

Echa de lo trasañejo,
porque con más gusto comas;
Dios te salve, que así tomas,
como sabia, mi consejo.

Mas di: ¿no adoras y precias
la morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica!
Tal debe tener de especias.

¡Qué llena está de piñones!
Morcilla de cortesanos,
y asada por esas manos
hechas a cebar lechones.

¡Vive Dios, que se podía
poner al lado del Rey
puerco, Inés, a toda ley,
que hinche tripa vacía!

El corazón me revienta
de placer. No sé de ti
cómo te va. Yo, por mi,
sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios,
mas oye un punto sutil:
¿No pusiste allí un candil?
¿Cómo remanecen dos?

Pero son preguntas viles:
ya sé lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.

Probemos lo del pichel.
¡Alto licor celestial!
No es el aloquillo tal
ni tiene que ver con él.

¡Qué suavidad! ¡Qué clareza!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Qué paladar! ¡Qué color,
todo con tanta fineza!

Mas el queso sale a plaza,
la moradilla va entrando,
y ambos vienen preguntando
por el pichel y la taza.

Prueba el queso, que es extremo,
el de Pinto no le iguala;
pues la aceituna no es mala,
bien puede bogar su remo.

Pues haz, Inés, lo que sueles:
daca de la bota llena
seis tragos. Hecha es la cena;
levántese los manteles.

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto
parece que será justo
volver al cuento pasado.

Pues sabrás, Inés hermana,
que el portugués cayó enfermo…
Las once dan; yo me duermo;
quédese para mañana.

Notas

De forma jocosa se presenta una espléndida cena compuesta de ensaladilla, salpicón, morcilla y queso y, todo ello, bien regado por el vino de la taberna de Alcocer. Baltasar de Alcázar se dispone a contar alguna historia a Inés sobre un caballero de Jaén que tenía un criado portugués. El atractivo de las viandas provoca que el autor se olvide de la narración y se centre en lo “suyo”: la pitanza. Espléndido poema con precisa, y bellísima, descripción de los alimentos (¿si no adoras y precias la morcilla ilustre y rica?...¡Qué llena está de piñones!. Prueba el queso que es extremo…).

Nota final

Este fragmento literario fue utilizado por Carlos Hernández Olmos, a quien rendimos homenaje póstumo, en el espléndido libro Comer y escribir, editado por Mercasa.

Si conoces alguna cita o referencia literaria que aluda a los Mercados Municipales o la actividad comercial en su conjunto, puedes enviarla a mercadosmunicipales@mercasa.es

Acuarela original de Aurelio del Pino realizada en exclusiva para MercadosMunicipales.es

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