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Mercados y literatura
Los Mercados Municipales y la actividad comercial en la literatura universal

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Yacimientos literarios (6)

La vocación del comerciante, en versión de Pérez Galdós

En esta ocasión presentamos un fragmento literario de Benito Pérez Galdós en el que se señalan algunas notas fundamentales que determinan la vocación del comerciante.

Benito Pérez Galdós es uno de los principales autores de la novela realista española del siglo XIX. Escribe 77 novelas y 22 obras de teatro así como un gran número de artículos periodísticos, cuentos, etc.

Se sirve del lenguaje para caracterizar a sus personajes. Si se trata de alguien vulgar lo retrata con un lenguaje vulgar, si es un presumido con un lenguaje presumido…

En Misericordia (1897) descubre los cafés, tabernas, fígones, casas de dormir, iglesias de la sociedad matritense, etc. Su realismo llega a ser muy descarnado y se basa en la observación y estudio directo de zonas variadas de la ciudad, incluyendo la consideración de las capas ínfimas de la sociedad. Hay que destacar que en esta novela confluyen los planos de la realidad existente y de la realidad soñada (producto de la imaginación de sus personajes).

Texto literario de Benito Pérez Galdós: Misericordia, Editorial Hernando, 10ª Edición, 1.974, p.115, 116 y 117.

“Interrogadas por Almudena, refieren que habiendo cogido la Diega unos dineros que le debían dos mozas de la calle de la Chopa, se habían lanzado al comercio, pues una y otra tenían suma disposición y travesura para el compra y vende. La Pedra no se sentía mujer honrada y cabal sino cuando se dedicaba al tráfico, aunque fuese en cosas menudas, como palillos, mondarajas de tea y torraé. La otra era un águila para pañuelos y puntillas. Con el dinero de aquel, venido a sus manos por milagro, compraron género en una casa de saldos, y en la mañana de aquel día pusieron sus bazares junto a la Fuentecilla de la Arganzuela, teniendo la suerte de colocar muchas carreras de botones,   muchas varas de puntillas y dos chalecos de bayona. Otro día sacarían loza, imágenes y caballos de cartón de los que daban, a partir ganancias, en la fábrica de la calle del Carnero.
Largamente hablaron ambas de su negocio, y se alababan recíprocamente, porque si Cuarto e Kilo era de lo que no hay para la adquisición de género por gruesas, a la otra nadie aventajaba en salero y malicia para la venta al menudeo. Otra señal de que había venido al mundo para ser o comercianta o nada era que los cuartos ganados en la compraventa se le pegaban al bolsillo, despertando en ella vagos anhelos de ahorro, mientras que los que por otros medios iban a sus flacas manos, se le escapaban por entre los dedos antes de que cerrar pudiera el puño para guardarlos.
...

Pues no lleva usted ahí pocas cosas- dilo la Pedra, cogiendo el libro y hojeándolo rápidamente, con mohínos de lectura, aunque más bien deletreaba que leía -. ¿Esto que es?  Un libro para llevar cuentas. ¡Cómo me gusta! Marzo, dice aquí y luego Pe...setas,  y luego céntimos. Es mu bonito apuntar aquí todo lo que sale y entra. Yo escribo tal cual; pero en los números me atasco, porque los ochos se me enredan con los dedos, y cuando sumo no me acuerdo nunca de lo que se lleva.

Este libro –dijo Benina que al punto vislumbró un negocio – me lo dio un pariente de mi señora, para que lleváramos por apuntación el gasto; pero no sabemos. Ya no está la Magdalena para estos tafetanes, como dijo el otro... Y ahora  pienso, señoras, que a ustedes que comercian les conviene este libro. Ea, lo vendo, si me lo pagan bien.
-¿ Cuanto?
- Por ser para ustedes, dos reales.
- Es mucho –dijo  Cuarto e Kilo mirando las hojas del libro que continuaba en manos de su compañera -. ¿Y para qué  lo queremos, si nos estorba lo negro?
- Toma –indicó Pedra, acometida de una risa infantil al repasar, con el dedo mojado en saliva, las hojas.
- Se marca con rayitas; tantas cantidades, tantas rayas, y así es más claro... Se da un real, ea.
- ¿Pero no ven que está nuevo? Su valor, aquí lo dice: “dos pesetas”.
Regatearon. Almudena conciliaba los intereses de una y otra parte, y por fin quedó cerrado el trato en cuarenta céntimos, con lápiz y todo. Salió del café la Benina, gozosa, pensando que no había perdido el tiempo, pues si resultaban fantásticas la piedras preciosas que en montones Mondejai pusiera ante su vista, positivas y de buena ley eran las cuatro perras como cuatro soles, que había ganado vendiendo el inútil regalo del monomaniaco Trujillo”.

Notas

Este fragmento de Benito Pérez Galdós condensa gran parte de los requerimientos para ser comerciante. En primer lugar,  La vocación y la capacidad innata; en su español bellísimo “tenían suma disposición y travesura para el compra y vende”. En segundo término, la consideración de la actividad comercial como el eje de su existencia; la Pedra no se sentía mujer honrada y cabal sino cuando se dedicaba al tráfico. En tercer lugar, destaca las dotes para la compra y venta y el afán por aprender y utilizar nuevas ideas (aunque les lleva a comprar un libro de escasa utilidad). Finalmente, el autor pone de manifiesto el afán de supervivencia del negocio: “los cuartos ganados en la compraventa se le pegaban al bolsillo, despertando en ella vagos anhelos de ahorro...”

Si conoces alguna cita o referencia literaria que aluda a los Mercados Municipales o la actividad comercial en su conjunto, puedes enviarla a mercadosmunicipales@mercasa.es

Acuarela de Aurelio del Pino

Acuarela original de Aurelio del Pino realizada en exclusiva para MercadosMunicipales.es





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